ENSEÑAR... ILUSIONAR... ¿QUÉ DIFERENCIA HAY?



Es lógico pensar que los nuevos modelos de sociedad precisan nuevos modelos educativos. Sin embargo, y a pesar de estar inmersos en un contexto social en constante cambio, en el que la información fluye a una velocidad vertiginosa y donde un simple clic nos separa del conocimiento, aún podemos asomarnos a aulas en las que las mesas y las sillas se distribuyen a la manera tradicional, en hileras frente a una pizarra, en las que los alumnos son meros recipientes de los contenidos que el profesor les transmite, y en las que hay una excesiva dependencia de los libros de texto.

En una sociedad que ya no demanda recursos humanos, sino humanos con recursos, todavía existe un empeño por identificar las carencias de los niños, cuando lo acertado sería identificar sus fortalezas. La escuela ha considerado tradicionalmente una única forma de aprendizaje y ha clasificado a los alumnos en función de una capacidad general. La fascinación por el cociente intelectual, en el que predominan las competencias matemáticas y lingüísticas sobre cualesquiera otras, se corresponde con la exagerada adopción de los exámenes formales como forma de evaluación, en la mayoría de los casos  descontextualizados, alejados de la realidad y con poca utilidad práctica.

Es evidente que la educación tradicional que se inspiró en necesidades pasadas ha dejado de ser válida, por lo que se requiere una enorme transformación que considere alternativas adecuadas a las necesidades de los tiempos actuales.

Estos nuevos tiempos requieren entornos que fomenten la creatividad, los planteamientos interdisciplinarios, que favorezcan el trabajo colaborativo y relacionen el conocimiento puramente académico con los intereses extraescolares.

Es el momento de promover un aprendizaje globalizado, vivencial, por proyectos, que proporcione a los alumnos oportunidades para mejorar la comprensión de conceptos y habilidades al servicio de nuevos objetivos, principalmente el de prepararse para la vida adulta. Todo a favor de actividades interdisciplinarias motivadoras centradas en el alumno y de largo plazo, en lugar de las típicas lecciones cortas e independientes.

El Colegio San Joaquín es una cooperativa de enseñanza que hace escuela pública y que, en coherencia con lo anteriormente expuesto, entiende la educación de manera particularísima, valiente y comprometida, en la que el maestro deja de ser un transmisor de conocimientos y aspira a convertirse en un guía que acompañe el proceso de aprendizaje real del alumno, permitiéndole adquirir las competencias requeridas en pleno siglo XXI.

En nuestro centro flexibilizamos los agrupamientos, facilitando el desarrollo de proyectos e itinerarios personalizados y favorecemos una mayor apertura al entorno y especialmente a la colaboración con las familias y las organizaciones locales fomentando la "Escuela fuera de la escuela".

Nos empeñamos en descubrir el talento de cada niño, generar entornos adecuados que optimicen el aprendizaje a través de sus intereses y fomentar su autonomía. Estamos seguros de que la creatividad y la voluntad que requiere esta transformación también se aprenden y, a pesar de que este proceso es complejo y no está exento de obstáculos, nuestras convicciones son fuertes. Estaremos honrados de que nos acompañéis en esta aventura.




23/01/2017